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La felicidad en la empresa              


L o que te hace feliz en los negocios no es lo mismo que lo que te hace feliz en el mundo de los afectos. Ser plenamente consciente de esto es fundamental para evitar bloqueos a la hora de gestionar y liderar una empresa.
La vida tiene varias esferas bien diferenciadas unas de otras. La esfera afectiva, la de la salud, la económica, la del aprendizaje, entre otras. Cada una de ellas tiene sus propios factores de felicidad y esos factores muchas veces compiten entre ellos.
En el mundo de los afectos, por ejemplo, te hace feliz el cariño de tu pareja, el de tus hijos, la armonía en la relación con tus padres y la risa de tus amigos. Eso que te hace feliz en la dimensión afectiva de la vida, si copa todo tu tiempo, te puede mandar a la quiebra en la vida económica. Y viceversa: dedicado solo al negocio tu vida familiar sufrirá las consecuencias.
“Soy feliz haciendo lo que me gusta”
Muchos empresarios sostienen que hacen empresa para hacer lo que les gusta. “¿Quién es más feliz que aquel que hace solo lo que le gusta?” –sostienen-. En mi opinión, esta concepción es la base de muchos fracasos económicos: si pretendo hacer solo lo que me gusta es más que probable que deje de hacer muchas cosas necesarias para que mi negocio vaya bien.
El empresario debe realizar varias funciones en la empresa. Algunas de ellas le gustan, otras no. El gran peligro es que aquel que busca su placer, por lo general, deja de hacer un conjunto importante de tareas que son vitales para que la empresa progrese: hacer cuentas, cobrar, planificar, vender, participar en un gremio, etc. La tendencia natural del ser humano es evitar hacer lo que no le produce placer.
Para identificar problemas en la empresa, siempre aconsejo al empresario hacer una lista de las cosas que no le gusta hacer en su tarea de gerente. Por lo general, esa lista coincide con los aspectos más débiles de la organización.
“No me gusta”
Les presento la lista de los “no me gusta” que más frecuentemente escucho en mis clases y asesorías y cuáles son las implicancias en la empresa:
• “No me gusta despedir personas” Es probable que ese empresario tenga muchos problemas con su personal. Evaluar el trabajo de los colaboradores y eventualmente despedir a algún miembro del equipo por razones más que justificadas es una tarea inherente al empresario.
• “No me gustan las tareas de cobranza”. La consecuencia típica de esta negación es una lista grande de deudores. Todo el trabajo de la empresa culmina no en la venta sino en la cobranza. Un propietario que es tímido para cobrar termina en la quiebra.
• “No me gusta gastar plata”. Estos son empresarios que usualmente no reinvierten en su empresa. Son muchísimos en el Perú. No “gastan” en su empresa y, por tanto, hasta los banquitos en los que ellos mismos se sientan tienen más de diez años sin renovarse.
• “Me gusta hacer manualidades pero no me gusta salir a venderlas”. Muy típico en las amas de casa. De seguro esa mujer tiene un gran stock de productos guardados en un almacén y no hace dinero. Muchos industriales suelen también compartir esta discapacidad: no les gusta vender y paran metidos en el taller en vez de salir a buscar a sus clientes.
• “No me gusta perder el tiempo en reuniones”. Este enunciado está a la base de que tengamos organizaciones gremiales tan débiles. No nos organizamos a pesar del tremendo impacto económico que eso podría tener en nuestro desempeño empresarial.
• “Detesto hacer papeleos”. La negación a  realizar trámites es la base de la gran informalidad en nuestro país. Por más simplificaciones que se haga, el empresario con esta actitud nunca se formalizará. Las consecuencias para la empresa son lamentables, la principal: altísimo costo financiero. Al informal, el dinero de los bancos le sale muchísimo más caro que al formal.
• “No me gustan los números”. Este empresario sufrió un trauma en su niñez con su profesor de matemáticas y a pesar de la existencia de las calculadoras y las computadoras no logra liberarse de él. No hace números nunca y conduce su empresa a ciegas.
• “No me gusta pensar en el futuro”. Este empresario no planifica. Es cortoplacista. No ve más allá del día siguiente.
Conclusión
En el mundo empresarial (y en general en la esfera económica de la vida) lo que debe hacer feliz a una persona es producir dinero. ¿Cuánto? Pues mucho, la mayor cantidad posible dentro de los límites de uso del tiempo que nos ponen las otras esferas de la vida. Con el dinero podemos tener independencia, tiempo libre, seguridad, etc. Y para tener dinero debemos de hacer todas las cosas que debemos hacer y no solo la que nos gustan.
Juan Infante es consultor de empresas y gerente general de la Escuela de Vendedores
http://www.diempresa.com/

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